La internacionalización del conflicto

En el último artículo nos centramos en la Batalla de Saratoga, dentro de los artículos referidos a la Guerra de Independencia de las colonias americanas. La victoria de las tropas continentales no fue una más, si no que fue decisiva para el futuro del conflicto.

EspacioNoticias | Historia

Cuando las tropas inglesas, al mando del General John Burgoyne, fueron doblegadas por las tropas rebeldes en Saratoga, los británicos no solo perdieron 8.000 efectivos, si no la iniciativa en el conflicto. Y es que la Batalla de Saratoga significó, entre otras cosas, el empujón que necesitaban Francia y España para intervenir en un conflicto que pasó de colonial a internacional, y en el que se pusieron en juego los intereses de las principales potencias europeas de la época.

Los colonos habían solicitado el apoyo de potencias europeas sin encontrar una respuesta clara a sus solicitudes. Pero finalmente, tanto el rey francés como Carlos III decidieron que había llegado el momento de entrar abiertamente en un conflicto que podía permitirles recuperar parte de su prestigio y posesiones perdidas tras la Paz de París de 1763. Francia en 1778, y la corona española tras la Firma del Tratado de Aranjuez con los franceses en 1779, se decidieron a colaborar, llegando la ayuda española con material y ayuda militar de la mano de Bernardo de Gálvez, Gobernador de Luisiana.

Las tropas españolas, bajo el mando del malagueño, tuvieron sus primeras acciones en los territorios sureños, logrando acabar con facilidad con la resistencia británica en el Misisipi y en Florida. Posteriormente, los españoles fijaron como objetivo poner freno a la superioridad marítima de la marina inglesa, que hasta el momento campaba a sus anchas por aguas del Caribe, teniendo su punto culminante en la toma de Pensácola, que permitía la recuperación de las dos Floridas –bajo dominio inglés desde 1763-, abriendo una brecha en las líneas inglesas, que tenía que dividir sus esfuerzos a partir de ese momento entre los frentes Norte y Sur. Las tropas españolas siguieron expandiéndose por aguas caribeñas atacando y conquistando las posiciones inglesas, y solamente el fin de la Guerra puso freno a la campaña de Gálvez, cuando ya se disponía a atacar Jamaica, última colonia británica.

Por su parte, la colaboración del ejército francés fue determinante en el fin de la guerra, cuando las tropas franco-americanas bajo el mando de Lafayette y Rochambeau obligaron al General Británico Cornwallis a la rendición de su ejército, tras lograr cortar la flota francesa toda posibilidad de que el grueso de las tropas inglesas de tierra pudiesen recibir los refuerzos que tanto necesitaban. Así, los refuerzos y provisiones franceses sí llegaron, mientras que Cornwallis, aislado y sin posibilidad de recibir ayuda, no tuvo más remedio que rendir a su tropas para evitar un enfrentamiento en el que sus posibilidades eran inexistentes.

Tras esta batalla la Guerra quedó prácticamente decidida, y tan solo unos meses después los británicos se vieron obligados a ofrecer la firma de un Tratado de Paz con sus antiguas colonias. Era el fin de la Guerra y el principio de una nueva nación que a la postre vendría a rivalizar con las potencias europeas.

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